Cuando un hijo llora - a ver a ver

Cuando un hijo llora

Cuando un hijo llora

“Las lágrimas son un lenguaje que nace del corazón, cuando las palabras no bastan”.

¿Qué deberías decirle a un niño o tu hijo cuando está llorando?

Aunque tenemos las mejores intenciones, en general no nos sentimos cómodos con la expresión emocional, especialmente las lágrimas y los berrinches, y las palabras «¡No llores!» a menudo salen volando de nuestras bocas sin pensar.

La mayoría de nosotros en alguna que otra ocasión hemos usado frases con nuestros hijos que tenemos automatizadas en nuestro interior debido al tipo de educación que hemos recibido o quizá cuando éramos pequeños nos enseñaron que llorar era malo. No nos juzguemos ni culpabilices, perdonémonos y simplemente analicemos la situación que estamos viviendo.

Sin darnos cuenta estamos invalidando sus sentimientos y emociones, enviando mensajes negativos que influyen en su autoestima y en la gestión de sus emociones, las cuales pueden dejar huella en su personalidad infantil. Por consiguiente, nuestros hijos crecerán con la creencia de que expresar sus emociones es algo malo o negativo, aprenderán a reprimirlas y se convertirán en seres no emocionales e insensibles.
Llorar tiene un propósito muy importante. Lloramos por muy buenas razones, y nuestros hijos no son la excepción. El llanto es una forma para que el cuerpo libere la tensión, haciendo uso del sistema de recuperación innato de nuestro cuerpo. Las lágrimas están compuestas de hormonas del estrés, por lo que tiene sentido dejarlas salir, para que podamos volver a un lugar de equilibrio.

 

El llanto es una de las primeras formas de expresión de los niños al nacer, puesto que aún no saben hablar, prácticamente la única manera que tienen para llamar la atención de sus padres y transmitir su malestar o sus necesidades. Con el paso del tiempo, cuando ya hablan en muchas ocasiones no saben cómo expresar sus sentimientos, por lo que terminan llorando.

Frases que deberíamos evitar
Nuestro primer instinto es decir:

 

  • “Para de llorar”

Llorar es una forma saludable de expresar emociones, y no se debe enseñar a los niños a no hacerlo.

  • “Cálmate”

Decirle a vuestros hijos que se calmen no hará que dejen de tener una rabieta ni les enseñará cómo regular sus propios sentimientos. Sería conveniente enseñarles a calmarse por ejemplo a través de una respiración o un paseo.

  • “No es para tanto, no seas exagerado” o  “No llores por eso”

Lo que hacemos en esta ocasión es quitarle valor a sus emociones y al porqué vuestros hijos se sienten tristes. Por lo que se quedarán con el mensaje equivocado, se sentirán incomprendidos y menospreciados. Como consecuencia, puede que empiecen a ocultarnos cosas por tratar de complacernos y puede que pierdan la confianza en nosotros como padres. Luego por tratar de complacer a los padres se acostumbran a invalidar sus emociones y pierden sensibilidad.

  • “No llores, no seas tonto” 

Con esta frase estamos creando una asociación negativa. Los pequeños lloran por muchas razones: porque tienen miedo, están frustrados y no saben cómo resolver un problema o incluso porque necesitan atención. La expresión genuina de las emociones no es un acto indigno ni tonto, al contrario, en algunos contextos puede llegar a ser un acto de auténtica valentía ya que al crecer se necesita más valor y habilidad para expresar asertivamente nuestras emociones que para esconderlas y reprimirlas.

  • “No llores, shhh,  todos te están mirando”

Aquí lo que estamos haciendo es enviar el mensaje de que llorar es un acto desagradable y mal visto ante los demás. Hacemos que se avergüencen de sus emociones en público teniendo que reprimirlas porque es más importante lo que piensen los demás de nosotros que lo que sienten en ese momento los niños.
No es necesario enseñar a los niños a reprimir u ocultar sus sentimientos por miedo al juicio de los demás. Cuando crezcan, serán ellos quienes decidan qué sentimientos hacer públicos y cuáles guardar para la intimidad. La madurez emocional se desarrolla a golpe de empatía y comprensión, no de represión y silenciamiento.

  • “Deja de lloriquear o te daré un motivo de verdad para llorar” o “Si no dejas de llorar, te voy a pegar para que llores por algo”

En esta ocasión una vez más estamos menospreciamos el llanto e infundamos el miedo en nuestros hijos, convirtiéndolos en seres inseguros. Recibirán el mensaje erróneo de que si expresan sus emociones pueden molestar a los demás y puede que crezcan con una gestión no constructiva de sus emociones, respondiendo con agresiones, ira o frustración. Es importante que intentemos entender el motivo del llanto, empatizando, y dándoles el apoyo que necesitan en ese momento. De este modo reforzaremos el vínculo padre-madre-hijo y su confianza ante nosotros.

  • “No llores, ya no eres un bebé” o “Los niños grandes no lloran”

A medida que los niños crecen tienen más recursos para expresar y gestionar sus emociones sin tener que recurrir al llanto. Incluso muchos adultos piensan que ocultar el llanto es sinónimo de madurar. Este pensamiento es incorrecto puesto que todos, y digo TODOS en algún momento de nuestra vida lloramos porque necesitamos expresar y vaciar ese sentimiento que tenemos dentro, como solemos decir: desahogarnos. Pues en los niños sucede mismo. ¡Llorar no entiende de edades!

  • “Los niños no lloran”; “pareces una nena”

Estas frases tan sexistas no sirven para nada, solo para bajar el autoestima de tu hijo. Debes tener en cuenta que fueron frases creadas por hombres reprimidos e incapaces de poder expresar sus sentimientos en público. ¡Llorar no tiene género!

  • “Deja de llorar ya”; “me tienes cansada ”

La consecuencia por regañar a vuestros hijos por llorar, es la represión de sus emociones. No hay que regañar a los pequeños por llorar, solo se consigue que repriman sus emociones, y aprendan a no exteriorizarlas.

  • “Vete a llorar a otra parte, no quiero escucharte”
Bajo mi punto de vista esta es una de las frases más duras. Es en este punto donde nos arriesgamos a que se rompa por completo el vínculo emocional que tenemos con nuestros hijos.
Aunque tengamos la creencia de que no prestar atención el llanto cesará, estamos equivocados, el niño lo único que sentirá es soledad.
Cuando un niño llora es porque se siente triste, frustrado o asustado, de manera que apartarlo del adulto, que debería ser su fuente de seguridad y consuelo, no es la mejor estrategia para desarrollar un apego seguro. En su lugar, deberíamos intentar comprender qué le sucede, por lo que sería mucho mejor decirle: “Estoy a tu lado, cariño. Estás a salvo. Me quedaré contigo hasta que te sientas mejor”.
Si os veis reflejados en alguna de estas frases no os sintáis culpables, como bien he comentado anteriormente todo es fruto de algo. Lo importante como padres es reconocer cómo estamos actuando ante el llanto o berrinche e intentar cambiar y evolucionar por el bien de nuestros hijos.

Llorar está bien  Es una forma muy saludable y necesaria para que los niños expresen sus sentimientos, y no necesitamos hacer que se detengan. Al decirles que «dejen de llorar», les enviamos el mensaje de que sus sentimientos no son importantes, no son válidos, tontos y molestos. Si queremos que nuestros hijos aprendan a regular sus emociones y que confíen en nosotros con sus problemas y sentimientos, ¡no podemos despreciarlos cuando intentan hacerlo!

 

Qué NO hacer cuando su hijo está llorando

Leticia Garcés Larrea, pedagoga y experta en Pedagogía Positiva afirma que el llanto se atiende, siempre. Os dejo un link donde nos habla de la importancia de atender el llanto. “Eso no significa que nuestras vidas giren alrededor de nuestros hijos pero sí dar valor a los motivos que generan llanto”

  • No te distraigas. Cuando distraes a tu hijo de sus sentimientos, pierde la oportunidad de conectarse y ayudarlo a aprender las habilidades de regulación emocional que necesitará en el futuro. También envías el mensaje de que sus sentimientos no son importantes o que no puedes manejarlos. Los niños necesitan saber que somos capaces de manejar sus emociones para que también se sientan seguros y capaces. También es una forma bastante irrespetuosa de responder.
  • No castigar. Simplemente no sirve de nada, no tiene sentido, sólo sirve a los padres ante una situación que les desborda para desahogarse. Castigar no genera ningún aprendizaje en el niño.  
  • Sin peros. Cuando simpatices con los sentimientos de tu hijo, evita seguirlo con un ‘pero’. Por ejemplo, «Estás triste porque realmente querías otro pedazo de pastel, PERO no puedes tener uno». ‘Pero’ invalida todo lo que viene antes. Intenta explicar o arreglar los sentimientos. No hay necesidad de hacer eso. Empatizar es suficiente.
  • Haz muchas preguntas. Cuando tu hijo está lleno de enormes sentimientos abrumadores, no tiene la capacidad de responder a muchas preguntas. Empatizar primero, hacer preguntas después.
  • Di ‘está bien’. Las personas tienen buenas intenciones cuando dicen ‘está bien’, ‘estás bien’, ‘shh’, pero la cuestión es que tu hijo no está bien en este momento. No se sienten bien, por lo que a pesar de que estás tratando de tranquilizar, puede parecer que minimizas sus sentimientos. Un simple ‘está bien llorar’ es una mejor opción.
  • Tener un límite de tiempo. No uses la empatía como una técnica para detener el llanto. ¡Ese no es el objetivo! El objetivo es ayudar a tu hijo a sentirse escuchado, comprendido, valorado y apoyado. Eso podría llevar un tiempo, especialmente si sus sentimientos han sido descartados en el pasado. ¡Puede haber mucho por salir! No intentes la empatía durante 5 minutos y luego declares que «no funciona» porque tu hijo todavía está llorando. La empatía no es una técnica de control, sino una forma de conocer a tu hijo, dónde está y apoyarlo.

La próxima vez que tu hijo esté luchando con un sentimiento abrumador, memoriza algunas de las frases anteriores y compártelas con empatía y comprensión. Porque se lo merecen. Los sentimientos no son algo que se debe evitar, sino oportunidades de conexión.


¿Qué debemos hacer cuando nuestro hijo está llorando?
A veces, incluso cuando sabes que no debes decirle a tu hijo que deje de llorar, ¡es difícil saber qué decir!  La buena noticia es que la práctica hace la perfección, y en realidad puede ser bastante curativo para ti poder apoyar a tu hijo a través de sus propias emociones.

 

En primer lugar, intentemos simplemente estar con ellos. ¡También podríamos no decir nada! A veces no se necesitan palabras y el contacto físico o la presencia es suficiente, estamos ahí para ellos, tienen apoyo o estamos escuchando cuando quieran hablar, si quieren hablar.

Abrazarse después del llanto - a ver aver


Os sugerimos algunas frases tranquilizadoras
  • Estoy aquí
  • Veo lo molesto que estás
  • Siento que esto sea difícil, cariño
  • Estaré contigo mientras estás molesto
  • No iré a ninguna parte, estoy aquí contigo
  • Estás a salvo
  • No hay nada más importante que estar contigo en este momento
  • Lo siento … perdiste tu osito / tu amigo dijo eso /
  • Te escucho cariño
  • Está bien estar triste
  • Esto es realmente difícil para ti
  • Quieres contarme qué te ha pasado
  • Te escucho
  • Te ayudaré a trabajarlo
  • Puedo ver que estás realmente molesto
  • Todos tenemos que llorar a veces
  • Lamento que las cosas que sientes sean difíciles en este momento 

En resumen, es importante recordar y tratar de evitar
  • Etiquetar los sentimientos («Veo que está enojado»)
  • Distraerlos de los sentimientos («¿Vamos a ver qué hace papá?»)
  • Arreglar las cosas («Sé que quieres helado, vamos a la tienda»)
  • Razonamiento («Bueno, ayer tomaste helado»)
  • Hacer que sentir que sus sentimientos son equivocados y al regañar / avergonzar / callar («¿Qué es ese horrible ruido que estás haciendo?»)
  • Recompensas o castigos que incluyen amenazas / sobornos / tiempo de espera («Si no paras nos iremos a casa «) ¡Nunca castigues, amenaces, avergüences, culpes o juzgues a un niño por sus sentimientos!

 

Con todo esto tenemos una grande oportunidad para comenzar a mirar lo que estamos haciendo cuando nuestros hijos lloran, y ver de qué manera podríamos ajustar nuestras respuestas para que puedan liberar esa emoción acumulada, y juntos podáis construir relaciones más fuertes y saludables


Con
amor y respeto nuestros hijos crecerán felices y no olvidemos que lo que construyamos desde pequeños les ayudará en su desarrollo. Nuestros hijos necesitan de nuestra ayuda para aprender herramientas que les ayuden a lidiar con emociones como el estrés, la tristeza, la frustración, la rabia, etc. para que su desarrollo no tenga consecuencias negativas en su futuro.

Si no escuchamos el mensaje que intentan enviarnos, se volverán desconfiados e inseguros. Los niños buscan empatía y comprensión

¡Empaticemos, comprendamos y no reprimamos las emociones de nuestros hijos!

 

Calmar los berrinches de los niños según Maria Montessori

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