Vivir sin televisión a ver a ver

¿Por qué no tenemos televisión?

Vivir sin televisión


Cuando me quedé embarazada, junto con mi marido decidimos quitar la televisión que teníamos en nuestra casa. Rara vez la veíamos, entre el trabajo, leer, tiempo en pareja o el embarazo, en el que me dio por hacer mucho ganchillo, se convirtió en un mero mueble.

En realidad no habíamos leído nada relacionado con lo perjudicial que pueden ser las nuevas tecnologías para los bebés, eso llegó más tarde, simplemente nuestra filosofía de vida estaba basada más en pasar tiempo juntos conversando en pareja que sentarnos frente a un televisor.

Nuestra hija Lua nació y como todos los padres bien sabéis, tu vida da un giro y tienes que readaptarte a todo, otro ritmo de vida, de sueño, de aprendizaje, etc. Pasaron los meses y a medida que Lua crecía íbamos leyendo todo tipo de libros, artículos, en fin, empezamos a informarnos sobre la gran tarea de ser padres y a elegir el tipo de educación que queríamos darle.

Es cierto que los niños y niñas que nacen hoy en día son “nativos digitales” y creemos que no hay que aislarlos de este mundo. Las nuevas tecnologías pueden servir de mucho si se hace un buen uso. No obstante, nosotros decidimos que al menos hasta los 3 años nuestra hija no iba a ver la televisión, ni tablets, ni teléfonos móviles (exceptuando fotos o vídeos suyos). Preferíamos pasar ese tiempo que te “roba” un televisor, estando con ella jugando, cantando, y sobretodo leyendo. Leer se convirtió en un ritual después de cenar y antes de ir a la cama, fomentando así el tiempo en familia. 

 

Vivir sin TV

 

Reconozco que los primeros dos años han sido duros, puesto que ser padres te agota, física y emocionalmente, y en muchas ocasiones he deseado sentarla frente a un televisor para poder cocinar, estar un rato tranquila, calmarla frente alguna rabieta, o para tener tiempo para mí sola. 

A pesar de todo ahora vemos los beneficios a largo plazo que ha tenido el no exponer a Lua a las tecnologías, éstas sólo sirven a corto plazo para “aliviar” el cansancio de los padres.

 

Los beneficios en Lua a largo plazo

Cualquier tipo de educación que demos a nuestros hijos tiene sus pros y contras. 

Ahora que nuestra hija ya tiene 3 años vemos el resultado de vivir sin televisión. 

Estos han sido los beneficios que hemos obtenido:

  • Es una niña a la que le encanta ojear y observar libros, se pasa ratos enteros analizando sus páginas.
  • No suele tener casi rabietas, y si alguna vez se enfada le suelen durar poco. 
  • Le gusta mucho interactuar con las personas.
  • Es muy observadora y extrovertida.
  • Los razonamientos y discursos que hace están basados en los hechos de  su vida cotidiana, por la relación con familiares y amigos, no por dibujos animados y películas. (desconoce los personajes estereotipados, como príncipes, princesas, unicornios, etc.)
  • Le gusta mucho jugar.
  • La implementación de las rutinas en casa ha sido más fluida y hay mucha más cooperación familiar. Le gusta ayudar en las tareas del hogar y sentirse partícipe en todo aquello que incumbe a nuestra familia.
  • Es una niña serena que sabe escuchar. Intentamos conversar mucho con ella haciendo hincapié en explicarle el porqué de las cosas.
  • Es alegre, risueña y vivaz.
  • Duerme perfectamente toda la noche

(considero que cuanta más televisión ven los niños, más requieren de ella, se vuelven exigentes y por consiguiente son más adictos)

A parte de todo esto, hay otros beneficios, que como explicaba antes son debidos al tipo de educación que hemos elegido para ella. Aquí quiero hacer una reflexión sobre algo que me ocurrió. 

Como os explicaba al principio cuando estaba embarazada no leí nada acerca de lo perjudicial que puede llegar a ser el uso excesivo de las tecnologías, en cambio sí leí mucho sobre pedagogías y educación de diferentes autores que hablaban de crianza. 

Nació Lua y quizás al tener tanta información hizo que al principio me volviese un poco rígida, intentando aplicar al detalle todo lo que me decían los libros, como si fuese un manual sobre cómo comportarme en cada situación ante ella.

Esto duró poco, porque me autoexigía tanto que yo sufría mucho queriéndolo hacer todo a la perfección, así que al final reflexioné y llegué a la conclusión de que una cosa es la teoría y otra la práctica y que lo más importante para llevarlo a cabo y saber lo que necesita tu hijo o hija para educarlo, es la OBSERVACIÓN. Además de confiar en nuestro INSTINTO.

Los niños necesitan que sus padres los observen continuamente, nos envían cantidad de información a lo largo del día, es así cómo podemos cubrir sus necesidades e intentar entender su mundo interior. 

Con mi marido hablamos y reflexionamos mucho sobre el tema, y decidimos no aplicar sólo un método educativo como puede ser el método Montessori o el método Waldorf, sino que lo que íbamos a hacer es ir aplicando toda la información y los recursos a nuestro alcance en función de cómo fuese creciendo Lua. 

A mi parecer los padres debemos adaptarnos al crecimiento y desarrollo de nuestros hijos e hijas, no son robots, y están en continuo cambio y evidentemente éstos deben de adaptarse a nosotros. La familia debe fluir.

Una cosa sí teníamos clara, queríamos “volver a las raíces”, es decir, aplicar muchas cosas de nuestra infancia, de cómo hemos crecido mi marido y yo. ¡Fomentar las relaciones interpersonales, jugar mucho, conversar, cantar, bailar y leer muchos cuentos!

Si queréis tener ideas sobre algunos de los libros que hemos usado, visitad nuestra página dedicada a los libros.

 

Como explica la revista italiana “Uppa” dedicada a temas sobre parentalidad y educación, en su artículo del pedagogo Daniel Novara, las pantallas deberían estar prohibidas de 0 a 3 años. “La infancia no necesita pantallas de video, no necesita realidad virtual. Antes de los 3 años, un niño necesita desarrollar habilidades al interactuar con el entorno a través de experiencias sensoriales que utilicen los cinco sentidos. Solo esta interacción experiencial le permite desarrollar sus recursos neuronales. Se ha demostrado que incluso un televisor encendido en la misma habitación donde está jugando un niño pequeño perturba su actividad, evitando que desarrolle esa capacidad de concentración de atención tan importante para su futuro.  

Por lo tanto, es necesario, especialmente en este grupo de edad, que los padres cuiden su comportamiento. No puede funcionar el ser absorbidos por la televisión, un ordenador o un teléfono móvil, estando tan distraídos que ni siquiera notas las llamadas de tus hijos. A esa edad, los niños son muy propensos a la imitación: si nos ven constantemente con un teléfono móvil en la mano, querrán uno”.

Fuente: Uppa

 

¿Cuáles son los daños de la tv en un niño?

La OMS aconseja nada de pantallas antes de los 2 años y advierte sobre los posibles daños de la tv, tablet y teléfonos. Son dañinos para el desarrollo físico y mental puesto que el estar frente a estos dispositivos les impide realizar juegos más activos, educativos y útiles para su desarrollo cognitivo.

Otro estudio realizado por investigadores estadounidenses del Centro Médico del Hospital de Niños de Cincinnati, han demostrado cómo todos los dispositivos digitales con pantalla cambian el cerebro de los niños: en particular, han observado una integridad reducida de la materia blanca, la que hace que la comunicación entre las neuronas sea eficiente. Y no solo eso, cuanto más tiempo pasan con estos objetos también exhiben menos habilidades cognitivas, déficit de lenguaje y alfabetización.

Y como dice Francesco Tonucci:

“Todos los aprendizajes más importantes de la vida se hacen jugando en la primera etapa (de 0 a 6 años)”

¡Ah! Me había olvidado deciros que Lua es bilingüe, su padre es italiano y deshaciendo el tópico de que “los niños y niñas que hablan dos o más idiomas empiezan más tarde a hablar, yo os puedo decir que en nuestro caso no ha sido así. 

 

Con todo esto, no pretendemos juzgar a ningún padre o madre, cada uno es libre de elegir cómo quiere educar a su hijo o hija, no somos ni mejores ni peores. ¡Ésta es sólo nuestra experiencia!

 

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